El día Viernes 15 por la noche me divertía feliz junto a muchos de mis seres queridos, celebrando mi cumpleaños número 20 en Gallery (en el barrio de Recoleta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), boliche que frecuentaba desde ya hace un año y en el cual estaba realmente cómodo. Confiaba en la gente del lugar y, de alguna manera, me sentía seguro allí ya que conocí a la mayoría de sus empleados con los que habíamos cosechado una muy buena relación.
Todo se desarrollaba con total normalidad cuando unos pibes, un poco más grandes que yo, agredieron a algunos de mis amigos y ante esto, ellos respondieron con golpes en defensa propia. Yo, mientras tanto, había salido al kiosco junto a Pili a comprar unas carilinas, y cuando regresé me encontré con ellos afuera en un estado bastante alterado.
Luego de un rato, y tras que ellos me contaran un poco qué es lo que había ocurrido, se me acercaron los dos agresores y, sin motivos y totalmente de sorpresa, me sujetaron del cuello antes de pegarme en la cara. Luego del episodio, se dieron a la fuga rápidamente, justo antes que llegaran los dos móviles de la Policía Federal. Por suerte no me quedó ninguna marca, pero me dejaron con bastante dolor de cuello y de mandíbula durante todo el fin de semana.
El patrullero de la comisaría 19 que apareció en el lugar no quiso tomarme la denuncia. Lo único que me ofrecían era llevarme a mi casa, justificando que tenían otros problemas en ese momento como para ocuparse del mío. Como si esto fuera poco, uno de los policías no estaba uniformado correctamente y no sólo le faltaba la placa identificadora sino que se negaba a mostrármela diciendo que no era quién para exigirle eso.
El dueño del boliche, por su parte, trataba de convencerme para no hacer la denuncia y hasta me acusaba en un tono bastante incorrecto (insultos de por medio), sin pruebas, por haber formado parte de ese conflicto. Si bien me dolió que no me haya defendido teniendo en cuenta las muy buenas referencias que tenía de nosotros, lo que me generó una bronca mayor fue que haya querido lavarse las manos por lo ocurrido con el único objetivo de defender “su negocio” y no tener ningún tipo de problema.
Lógicamente, terminé haciendo la denuncia del agresor en la comisaría correspondiente y, aunque con muchas diferencias por la precariedad del sistema ofrecido por el registro de Individualización de Agresores, pude hacer su identikit.

tiago!
nooo que bajón lo q te paso ey!
encima en tu cumple!
q hijos de p* los canas, ey!asi está el pais despues…
Ellos y el dueño del boliche también. Un modelo de persona!
El país está lleno de gente así, que piensan solo en ellos. Creo que se les dice egoístas por ahí..