La Expo de Dinosaurios en la Rural es una estafa

Es increíble el poder que tiene Internet. Gente que quería ir con su familia a la Expo de Dinosaurios en la Rural, pero que leyendo comentarios en un artículo de 20palabras cambió de opinión y optó por ir al Museo de Ciencias Naturales para ver dinosaurios de verdad ;-)

Ayer, me comentaba un conocido que laburó para la puesta en marcha de ese ¿evento? y él mismo me decía que era una estafa.

No le debería dar un poco de vergüenza a los Sponsors/Partners? Porque auspiciar un evento tan pero tan choto no deja una buena imagen en el público, Sres. Banco Comafi.

Comentarios

2 Comentarios en “La Expo de Dinosaurios en la Rural es una estafa”

  1. Umi on January 30th, 2008 11:16 am

    A mi me parece que no les da vergüenza, porque esa gente no piensa en el factor cultural de eventos como esos, sino en la guita que se pueden llevar al bolsillo con algo que venda.
    Es una pena, porque un tema tan copado como los dinosaurios, podría ser tratado con un poco más de pilas, y más presupuesto acorde a lo que te cobran para que veas a los robotitos desarmándose y oxidados xDDD
    hahahaha
    ¿cómo van las vacas santi?

    cuidáte

    muchos besos

    Umi

  2. alejandro on February 18th, 2008 2:15 pm

    Billetera mata dinosaurio!

    Como eterno fanático por todo lo relacionado a la paleontología e historia natural, hace unas semanas atrás fui sorprendido por un colorido afiche en plena vía pública. La magnificencia de se escala, junto con la estridencia de sus tonos rojizos y oscuros llamo prontamente mi atención, pero no fue esta combinatoria de estrategia visual e impacto de imagen, sino el anunciador principal de la pieza grafica la que logró detener mi marcha urbana momentáneamente, dejando entrar por mis ojos la promesa de un espectáculo fantástico: Un Tirannosaurus Rex enardecido anunciaba la presencia de robots mecánicos en plena Rural de Palermo.
    Siendo conciente -como la experiencia me ha enseñado- que el diseño gráfico bien manejado es capaz de magnificar lo verdaderamente pequeño, mis reservas respecto al espectáculo fueron notorias al comienzo.
    Como vivo a pocas cuadras de allí una tarde de sábado me acerque a la ventanilla y noté que el precio de la entrada distaba mucho de ser accesible, por lo cual –escepticismo de por medio- vislumbré la posibilidad de que una entrada al precio que estaba tal vez cumpliera con la promesa de un espectáculo que valiera la pena.
    A la semana siguiente pagué la entrada e ingresé al edificio (luego de un confuso episodio en ventanilla en donde quisieron engañarme respecto a un descuento que me correspondia por pago con tarjeta de debito que ni me detendré a detallar). La ingenuidad de mi niño interior esperaba selvas eléctricas de tiempos distantes, reptiles olvidados de espuma y caucho, ojos de acrílico espiando a través de helechos de tela y seda, pero nada de esto ocurrió: la ambientación oscura, desprovista de todo cuidado mostraba un enorme galpón dividido tristemente por biombos mal colocados que hacían de separadores entre ambientes “prehistoricos” en donde las maquetas de dinosaurios de dudosa escala real eran exhibidas sin el mas mínimo misterio, colocadas aquí y allá de manera caprichosa y descuidada. Guías jóvenes, encargados de la información de cada hábitat eran incapaces de memorizar la información de tan solo cinco renglones que era exactamente la misma que la exhibida en la penumbra de las oscuras paredes de los biombos que casi no permitían la lectura de las mismas, obligándolos en la mayoría de los casos a inventar datos y conclusiones que distaban graciosamente de la realidad pero que mostraban una falta de seriedad y compromiso con el tema.
    Un escueto cine que consistía en una pequeña pantalla ubicada a alturas que desafiaban los limites de la articulación del cuello humana recibía a los espectadores entre tablones de madera y sillas de jardín que hacían de butacas para el ‘confort’ de un espectáculo que a duras penas era audible entre los gruñidos de los brachiosaurios, los tiranosaurios, y algún que otro dilophosaurio, haciendo que los decibeles del audio del cine junto con la baja calidad de la película proyectada se asemejara mas bien a un terrible viaje por pasadizos olvidados de tiempo y espacio, mas que a una cuidada selección de información, y espectáculo visual.
    Pase raudo -ya resignado- por repisas mal iluminadas que entre sus recovecos mostraban inciertos fósiles e información ilegible ya que la lejana luz cenital sumía todo en una oscuridad casi total.
    El único lugar medianamente iluminado, era el ‘Dino Store’ (como me permití llamarlo) donde vendían toda clase de material relacionado con dinosaurios, confirmando mi teoría acerca del descarado propósito de estimular al máximo al niño interior con el mínimo de inversión.
    Y fue así como el niño interior dejó paso al joven crítico que desilusionado volvió a comprobar como muchas veces en aras de espectáculos grandiosos se busca maximizar ganancias al menor costo, a costa de la ilusión y la buena fe de la gente. Porque después de todo; puedo ser juzgado por pretender ver un espectáculo a la altura de lo que prometió el afiche del principio de esta historia y el precio de la entrada???

    Como conclusión, y tomándome la libertad de ser absolutamente franco y pragmático, y en un claro esfuerzo por mostrarles que no estoy lleno de ira por la experiencia vivida, les diría a todas aquellas personas que como yo suelen sacar de paseo a su niño interior, y si mucho les gusta la paleontología e historia de la vida natural en la tierra, el mejor lugar para ver, conocer y conectarse con criaturas de tan asombrosa magnificencia es ni mas ni menos que cualquier museo de historia natural que abundan por suerte en estas y otras ciudades de este país hermoso.

    Alejandro Ines 18/02/08

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